Por Beatriz Mazzi

Todos los viernes a las 11:00 horas, el nivel inicial convoca a los niños y niñas de todas las edades a un encuentro literario donde un invitado narra un cuento para todos.

El viernes 14 de junio pasado, tuve el placer de ser la invitada de esa semana.

Después de leer muchas historias, fui seleccionando hasta elegir una. No es nada fácil para una persona como yo hacer esa selección, pues una historia en lo personal debe dejar algo en el público, un sentir, una emoción, un aprendizaje…

Encuentros literarios

Fue así que entre todos los cuentos surgió “Celeste y la Dinosauria” donde su autor Mempo Giardinelli y su ilustradora Natalia Colombo construyen un dúo muy recomendable para los primeros lectores teniendo en cuenta además que su tipografía es en letra imprenta mayúscula.  

La historia es narrada  en primera persona desde la mirada del papá como la imaginación y la creación de mundos alternativos pueden hacer que los adultos volvamos al espacio del juego infantil y compartamos con nuestros hijos historias fascinantes. Así nos invita a los adultos personificados en este caso por el papá de Celeste, a unirnos al juego simbólico que casi siempre es participe sólo el mundo infantil, dando lugar a disfrutar un momento muy poco frecuente en el caso de los mayores.

Celeste y su papá dan un paseo por el barrio, un descubrimiento, la complicidad del adulto con la hija, dan lugar a la invención de una Dinosauria que comparte ese recorrido con ellos en el mundo de la ficción.

Los espacios habituales pueden convertirse gracias a la imaginación y al juego, en lugares donde lo imposible, lo absurdo, lo increíble suceda sin llamar la atención para un niño.

Un adulto que pueda compartir estos momentos será un adulto feliz, porque en el mundo infantil puede ocurrir lo “inocurrible”. Y en este cuento el papá volvió al territorio infantil y pudo ver y convivir con la Dinosauria “de metis” según Celeste un momento irreemplazable.

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